miércoles, 15 de octubre de 2014

Fraga, Malba Tahan, el Efecto Droste y este humilde Espejo



Fraga, nuestro querido corresponsal en Brasil, que tantas aportaciones ha hecho a este blog, nos ha dedicado un estupendo artículo sobre Malba Tahan y el Efecto Droste. Como está en portugués, ahí va la traducción (a cargo de Ernani Ssó) de esta estupenda historia (la ilustración es de Rafael Sica).

Efecto Droste para principiantes

El niño estaba zambullido en uno de los volúmenes de Mil Historias Sin Fin. Adoraba Malba Tahan y tenía perdido la cuenta de cuantas veces había releído los dos ejemplares. Sabía de memoria cada episodio y mismo así el placer se renovaba. Era como si cada próxima página aun pudiera sorprender el niño de 9 años. Y al dar vuelta a la página que leía, sorpresa: la página 46 no estaba allá. Lo que había era una ilustración que nunca había visto antes. 

En la ilustración, un niño de la misma edad que él mostraba un libro que leía para un lector, que en el caso podría ser él mismo niño que adoraba Malba Tahan. Y en la página enseñada en la ilustración, allá estaba un texto, en cuerpo menor. El niño acercó la página de su libro para intentar leer la página en el libro de la ilustración: sí, daba para leer, hasta confirmó que la página también era la 46. Ansioso para ver para donde iba aquél misterio, el niño principió a leer la nueva historia. 

Era acerca de otro niño, semejante a él, con un libro lleno de ilustraciones. En cada ilustración, bastaba una lupa poderosa para leer el texto que había dentro de la página de la página, y así por delante. ¿Conoces el envase del Fermento Royal, donde en el rótulo se ve otro pequeño rótulo dentro de un círculo, y otro más allá? Es esto, en el libro había ese interminable recurso gráfico. Allá por la tercera página dentro de la otra, surgía un contador de historia. Y él, al revés de narrar algo, se ocupaba de los detalles de las ilustraciones. 

En uno de los dibujos, un niño rompía una página del libro, que fluctuaba en el aire. Al examinar de cerca el recorte volando, el niño vio otro niño con otro libro. Cerrado. El pequeño lector tomó de un microscopio y enfocó en la tapa ilustrada. Allá, en un rinconcito, un niño dormía abrazado a un libro abierto. En el único párrafo visible de la ilustración, se leía acerca de un vendedor de historias instantáneas. Bastaba pagar y él garabateaba en un papelito y lo entregaba al nuevo lector, lo que incluía una minúscula viñeta. Y en la viñeta, apretando bien los ojos, se veía un cartelito. En él era posible leer Malba Tahan, Mil Historias Sin Fin. 

Debajo de las letras anunciando las historias, había un dibujito con un niño metido en uno de los volúmenes. En la lectura, el niño estaba admirando una página que no era habitual, era simplemente un texto para ser leído. Era una página donde surgía, extrañamente reducida y medio sesgado, otra página. Se podía leer: 46. 
 
Para mí amigo Juan Luis Roldán Calzado, editor en Madrid del intrigante blog Espejo Lúdico.

Así, lo dicho, muchísimas gracias, Fraga, por todas tus colaboraciones a lo largo de los años.